
Conviví durante un mes con una araña en mi ventana, en una de mis estancias en Inglaterra...
No molestaba. Al contrario, me hacía compañía...
Tejió su simétrica tela de hilos brillantes, con paciencia y gran maestría, en un rinconcito en medio de la doble cristalera de mi habitación. Se adueñó del espacio intermedio; paseaba de un lado a otro cuando no estaba trabajando, pero nunca abandonaba su terreno, con lo que yo podía espiar libremente cada uno de sus movimientos, sin preocuparme de que decidiera hacerme una “non grata” visita.
Caían sus presas cada día, les daba su beso de muerte y pasado un tiempo… se las comía.
Yo había leído que las arañas digieren a sus víctimas fuera del estómago. Estas, quedan atrapadas en el pegajoso hilo con el que está fabricada su tela, y ya segura de que no pueden huir, les inyecta sus propios jugos gástricos con un beso mortal.
La víctima muere y es digerida, con lo que la araña sólo tendrá que comérsela después de una cierta espera, y de nuevo pacientemente reconstruir los posibles desperfectos de su tela, causados por los inútiles intentos de su víctima por escapar.
Os aseguro que todo esto es cierto. Pude vivirlo paso a paso… y es más, me parece una metáfora de lo más adecuada en el comportamiento de ciertos humanos.
Curiosa historia ¿no?
Tejió su simétrica tela de hilos brillantes, con paciencia y gran maestría, en un rinconcito en medio de la doble cristalera de mi habitación. Se adueñó del espacio intermedio; paseaba de un lado a otro cuando no estaba trabajando, pero nunca abandonaba su terreno, con lo que yo podía espiar libremente cada uno de sus movimientos, sin preocuparme de que decidiera hacerme una “non grata” visita.
Caían sus presas cada día, les daba su beso de muerte y pasado un tiempo… se las comía.
Yo había leído que las arañas digieren a sus víctimas fuera del estómago. Estas, quedan atrapadas en el pegajoso hilo con el que está fabricada su tela, y ya segura de que no pueden huir, les inyecta sus propios jugos gástricos con un beso mortal.
La víctima muere y es digerida, con lo que la araña sólo tendrá que comérsela después de una cierta espera, y de nuevo pacientemente reconstruir los posibles desperfectos de su tela, causados por los inútiles intentos de su víctima por escapar.
Os aseguro que todo esto es cierto. Pude vivirlo paso a paso… y es más, me parece una metáfora de lo más adecuada en el comportamiento de ciertos humanos.
Curiosa historia ¿no?
Os dejo que reflexioneis...



