Esos claros ojos azules me enamoraron desde el mismo momento en que los tuve ante mí.
Intenté llamar tu atención, hacer que tú también me descubrieras, pero había algo allá arriba, que impedía que apartaras tu mirada, que desviaras la vista ni por un momento, de ese cielo tan azul como tus ojos, prisioneros ya entonces de un vacío lleno de color, de luz, de sol…
Te hablé y no respondiste.
Pensé besarte y no osé.
Te sonreí y ¡oh sorpresa! Sonreíste.
Se diría que estabas cerca, aquí conmigo; y a la vez tan lejos de allí…
Fue en aquel momento cuando alcé mi mirada, quería ver lo que tú veías pero no pude soportar por mucho tiempo esa claridad; y me preguntaba cómo podías tú mantener tan duro pulso contra el resplandor de ese cielo tan azul…y ganar.
Hoy no tengo respuestas, pero he aprendido a creer y ahora creo que eres dama de ojos azules…
De tanto mirar al cielo.
