Apagado el tumulto y calladas las voces, la noche caía.
El pueblo vacío es ya vago recuerdo del trajín del día.
Las calles repletas de viandantes y de vida, ahora descansan silenciosas, dormitan vacías.
Tras los cristales titilan las luces, y en las calles, las farolas, con el frío tiritan
La sopa en las mesas, ahora se enfría.
En la chimenea que escupe humo al cielo, los leños arden.
Cada día, vida; cada noche, misma rutina…
