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martes, 16 de octubre de 2012

Mis principios 2. Tabaco

 Este breve texto es la descripción,  para el taller de escritura que estoy realizando, de otro de mis principios. Imagino que habrá comentarios para todos los gustos.

Odio el tabaco

Esto no sé si es un principio, una manía, una fobia o simplemente que es algo que no soporto. Me molesta incluso el olor que desprenden las personas que fuman. Odio el olor que toman las ropas, el pelo e incluso la piel cuando estás en un lugar en el que se permite fumar, pero sobre todo creo que es una injusticia que yo, aún no queriendo, tenga que “fumar” porque “algunos”, no tengan un ápice de educación. No podéis imaginar con qué alegría celebré la nueva normativa que prohíbe fumar en sitios públicos. Y aun me parece poco. Siendo como es, malo para la salud, hartamente demostrado, habría que prohibir tanto la venta como el consumo.

Siempre he pensado que los fumadores deberían llevar consigo OBLIGATORIAMENTE una especie de escafandra portátil y que cuando quisieran fumar, metieran dentro su cabeza para aprovechar hasta la última brizna de SU HUMO, sin contaminar el entorno ni obligar a fumar a la gente que les rodea.

¡Imagínad como me sentí cuando leí por internet que en Japón ya existen! Os aseguro que mi invento es muy anterior. Jaja, lo malo es que no lo patenté a tiempo.

… En fin, por ser tan intolerante Dios me castigó y tanto mi marido como mi hijo FUMAN.




martes, 2 de octubre de 2012

Mis principios

               

      ¿Hasta dónde un hábito es secuela de algo que comenzó siendo uno de nuestros  principios de conducta  en la vida de cada uno?

En el taller de escritura que actualmente estoy realizando me han pedido que escriba sobre diez principios de conducta que nunca quebrantaría salvo en   contadas  y especiales ocasiones.
He pensado que indudablemente son retazos en el mosaico de mi vida, que os gustaría compartirlos  conmigo, y que  si lo hago,  me conoceríais mejor.
Os dejo el primero:

Escuchar música que me permita hacer algo más
Nunca me gustó la música fuerte, estridente, “ruido”, le digo yo. Es más, me molesta. No me permite centrarme si mi mente está inmersa en alguna tarea que requiera concentración, y me pone nerviosa si estoy intentando relajarme sin hacer nada más que escuchar música.

Ahora, con el paso de los años, tengo por principio no comprar, descargar o escuchar, siempre que me sea posible elegir, música “chirriante”, y por el contrario el escuchar música tranquila que permita a mi mente estar en dos lugares a la vez, se ha convertido en un hábito por ejemplo a la hora de pintar, leer o escribir.