
Anoche, de madrugada, los cielos se abrieron.
Ensordecedores truenos, acallados en parte por el fortísimo ruido de la tromba de agua que lo inundó todo, aunque apenas duró 15 minutos.
Rayos sin principio ni fin, verdaderas serpentinas de luz que iluminaban aún más, los ya de por si resplandecientes relámpagos allá en el cielo…
Me asomé a la ventana y me sumí en un escalofrío, no sé bien si de gusto o, de miedo...
Era tal la fuerza de la naturaleza que dominaba el momento, que impresionaba y aterraba a la vez…
Y volví a la cama transportada en el tiempo, volviendo a mi niñez…Recordando aquellas tormentas de sierra en Arenas de San Pedro, que tanto me gustaban cuando era niña…
El modo en que las nubes descendían poco a poco por entre los pinares formando un fantasmagórico paisaje lleno de belleza; la violencia de los relámpagos y truenos por encima de la montaña…

El olor a lluvia, a pinos mojados, las espectrales luces en el cielo…
Recordé a mi madre pidiéndome que me metiera en casa, no me fuese a alcanzar un rayo…, y a mi abuela rezando:
Santa Bárbara Bendita,
Que en el cielo estás escrita…
Y santiguándose convulsivamente a cada trueno que se dejaba oir, con cada relámpago…
Por un rato mis 5 sentidos viajaron en el tiempo, y puedo aseguraros que fui feliz con mis recuerdos.



acabara nunca…


